| Ingleses lloran a Humphrey, el gato que puso contra la pared a Tony Blair | |||
| El felino, adoptado por la Thatcher en 1989, causó la primera crisis política del gobernante laborista | |||
| 21. 03. 2006 | |||
![]() Foto: AP |
El minino, que tuvo hasta silla propia en las reuniones de gabinete, falleció lejos de Downing Street, desterrado por los Blair. | ||
Tony Blair llevaba seis meses como flamante primer ministro de Gran Bretaña cuando debió enfrentarse a su primera gran crisis política. Todo comenzó en una clásica sesión del Parlamento inglés que fue interrumpida por un legislador del Partido Conservador, quien se puso de pie y preguntó con voz estridente: " ¿Dónde está Humphrey?".
Nadie pudo contestar. El gato blanco y negro que circulaba por los salones del poder británico desde 1989 –y que murió la semana pasada, a los 18 años de edad– había desaparecido. Y todo indicaba que los Blair eran los culpables. |
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Se sabía que Cherie encontraba sucios a los gatos por lo que no era raro pensar que tuviera
que ver con la desaparición del minino adoptado por la Thatcher, quien lo encontró
vagando afuera del 10 de Downing Street, morada tradicional de los primeros ministros británicos.
La radio, la televisión, la prensa y la gente clamaron por Humphrey, quien además de vivir en la casa de la máxima autoridad británica, tenía asiento propio en las reuniones de gabinete. Finalmente el premier se hartó y le pidió a Scotland Yard que lo encontrara. El gato fue hallado. El gobierno contó que éste se encontraba bien de salud y que "gozaba de su jubilación en un suburbio de la capital". Y Cherie apareció en varias fotos tomando al minino que nunca quiso. Desde ese día de 1997 el gato claroscuro dejó de aparecer a cada rato en los periódicos británicos, a los que volvió en gloria y majestad este domingo, cuando la noticia de su muerte lo hizo merecedor de mucha tinta. El asesino "El mundo político guarda luto por un asesino llamado Humphrey", publicó hace dos días "The Times". Y es que Humphrey tenía fama matadora, aunque sus incondicionales en el gobierno lo defendían. Como aquella vez que se le acusó de matar a dos petirrojos que vivían en el jardín de Downing Street. En esa ocasión fue John Major, sucesor de la Thatcher y antecesor de Blair, quien asumió la defensa pública del gato. "Está claro que no es un asesino en serie", dijo Major, según "The Guardian". Y mientras el entonces premier justificaba a su mascota, el gobierno escribía un memo, sacado a la luz por "Telegraph", que explicaba que en la fecha de la muerte de los pájaros en cuestión, Humphrey se encontraba enfermo del riñón y que no hubiera sido capaz ni siquiera de cazar a un pato a la naranja puesto en un plato frente a él. En el mismo memo se contaba que Humphrey costaba a los contribuyentes 100 libras al año –unos 93 mil pesos–, mucho menos de las 4 mil que cobraba el hombre que todos los años llegaba hasta la morada de los premieres para acabar con los ratones y que, según el documento, nunca cazaba ninguno. A diferencia de Humphrey, un come ratones experimentado que ahora es llorado por su pueblo. |
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| Fuente: www.lun.com | |||
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